Esta historia no ha pasado nunca y seguramente nunca pasará. Había una ventana y había un balcón. En la ventana un hombre. En el balcón, a veces, una mujer. Una noche el hombre fue a casa de la mujer por un asunto de un coche. Había que hacer una parte però la mente del hombre se fue del papel. La mujer era morena, de labios turgentes y mirada hechizera. Se mostró discreta, huidiza y eso aún despertó más el puente invisible del hombre hacía ella. Se le metió en la cabeza. A partir de aquél día el hombre se hizo amigo de su ventana. Des de allí podía ver su balcón. Y su ventana corredera de cristales deformantes. Intuir su silueta tras ellos, tan sólo unos instantes, era suficiente para disparar su imaginación. Cada día, al pasar por la calle, miraba la ventana y el balcón. Si estaban entreabiertos significaba esperanza. Y acceleración. El hombre podía ver como su deseo volaba y se colaba dentro por las aberutras. Un día se coló en su escalera, subió al primer piso y puso su oreja junto a la madera. Escuchar un ruidito, imaginar que ella habría la puerta, como se cruzarian sus miradas, como se acercarían y se tocarían, lo llenaba de una estraña y palpitación.
Este blog es privado, discreto, bi-personal.
Si quieres saber cómo continua la historia, una de las plantas del balcón, la más suave, debe moverse.
viernes, 30 de enero de 2009
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